En VALENCISO cuidamos los detalles. Algunos porque nos definen, otros porque nos acompañan desde hace tiempo y nos gusta mantenerlos. Costumbres clásicas, sí, pero vividas desde el presente, siempre con el mismo objetivo: mimar a quien confía en nosotros.
Una de ellas es la felicitación de Navidad.
Nos gusta pensar que han sido unas buenas fiestas para todos. Y aunque lleguemos un poco tarde en el blog, no queríamos dejar de desear a quienes nos leéis un muy buen 2026, con muchos momentos para brindar con buen vino.
Durante la campaña de Navidad somos un equipo pequeño y mantener todas las piezas en movimiento —para que cada regalo llegue a tiempo— ocupa mucho tiempo y energía. Aun así, hay algo a lo que damos prioridad cada año: enviar la felicitación por correo postal. Una forma discreta de decir que seguimos aquí, que nos acordamos y que deseamos todo lo bueno a quienes están al otro lado.
El autor de la felicitación de este año ha sido Agustín Ferrer Casas https://www.instagram.com/agustinferrercasas , con una imagen que invita a la calma y a mirar sin prisas. Su sensibilidad y su forma de trabajar lo esencial conectan muy bien con nuestra filosofía.
Con el tiempo, estas felicitaciones se han ido convirtiendo en una pequeña colección de hojas que nos gusta guardar. Cada año invitamos a un artista a diseñar algo especial para nosotros, y cada uno deja su huella. Carmen Bacigalupe, https://www.instagram.com/sedacarmenbacigalupe riojana y pintora de seda, inició la serie con hojas elegantes y un estilo muy personal que se mantuvo durante varios años. Después llegó Deville, https://www.instagram.com/deville.design con sus personajes brindando y bebiendo vino, llenos de vida y sentido del humor.
Cada felicitación, al igual que las cosechas, pertenece a un momento concreto, a un año distinto, a una etapa diferente de la bodega. Todas tienen algo en común: están pensadas y hechas con cuidado.
Quizá tenga que ver con cómo entendemos el vino: clásico en el fondo, pero moderno. Por eso seguimos eligiendo una postal, un gesto atemporal que hoy casi ha desaparecido, absorbido por la inmediatez del correo electrónico. Y quizá precisamente por eso nos sigue pareciendo importante.
Llegue cuando llegue, es nuestra forma de decir: nos acordamos de ti y brindamos por todo lo bueno que está por venir.




Compartir artículo