Desde 2016, Julián Palacios y su equipo, de Viticultura Viva, cuida nuestras viñas. Con él dimos también el paso a cultivar en ecológico, convencidos de que el viñedo es la verdadera columna vertebral de nuestro vino. Lo que sucede durante el invierno, cuando la cepa duerme, condiciona de forma decisiva lo que llegará después a la botella.
Estos meses fríos —con heladas, nieblas, nieve y lluvias— están acompañando bien las labores de poda, aunque en La Rioja no haya nevado tanto como en otras zonas de la península. Nos hubiera gustado ver más nieve: eso que dicen de año de nieves, año de bienes, porque ayuda a eliminar ácaros y larvas que se alojan en la madera de la vid. Solemos apostar por una poda tardía. Para Julián, ese reposo invernal continuo es fundamental: la madera está dormida, curada, preparada para recibir cortes precisos. Es entonces cuando se toman decisiones que no buscan el resultado inmediato, sino la salud del viñedo a largo plazo.
La poda no es un gesto mecánico. Exige conocer cómo cicatriza la vid, cómo circula la savia, cómo reaccionará la cepa dentro de cinco, diez o veinte años. Evitar cortar con la madera congelada, esperar a días secos, huir de la lluvia o de la niebla para reducir el riesgo de enfermedades… Son detalles que forman parte de una manera de trabajar paciente y consciente, muy alejada de la prisa.
En los últimos años se habla cada vez más de poda, y no es casualidad. Durante décadas, determinadas prácticas aceleraron el envejecimiento de muchos viñedos, obligando a arrancarlos con apenas veinte o veinticinco años. Volver a los principios básicos —a los cortes pequeños, a respetar la arquitectura natural de la cepa, a entender la vid como la liana que es— se ha convertido en una prioridad para quienes buscamos viñas longevas, equilibradas y capaces de expresar su terruño.
Julián lo resume con una frase que compartimos plenamente: lo más caro es podar mal. Una mala poda no solo deja heridas grandes; compromete el futuro de la planta, aumenta la mortalidad, favorece las enfermedades de madera y rompe el equilibrio del viñedo. Hacerlo bien es una inversión silenciosa, que no se ve en el corto plazo, pero que define la calidad real como en VALENCISO.
Creemos que viñedo y vino no pueden entenderse por separado. Por eso ponemos tanta atención en estas tareas de invierno, discretas, poco visibles y durante mucho tiempo poco valoradas, pero decisivas. Cuidar la poda es cuidar el futuro de nuestras cepas… y, en consecuencia, el carácter de los vinos que elaboramos.




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