En VALENCISO seguimos cuidando nuestro viñedo en estos meses de frío. No es solo la poda, que todos asociamos con el invierno. Hay más labores, muy importantes, que realizamos en estos momentos más tranquilos, cuando la vid duerme.
Una de ellas es el cuidado de los ribazos y taludes, para que sigan siendo un refugio para pequeños animales e insectos, y gocen de una vegetación que avive el paisaje. La biodiversidad crece en el cultivo de nuestros viñedos en ecológico.
También manejamos los suelos, con alzado de la tierra en torno al pie de las cepas donde es necesario. Y enseguida, al final del invierno, vendrán los pases para eliminar las hierbas mecánicamente, sin utilizar herbicidas, según los principios del viñedo ecológico.
Abonamos en las viñas que lo necesitan. Siempre respetando nuestro objetivo de rendimientos pequeños, es decir, en donde se precise y en su justa medida, sin excesos. Y siempre con estiércol o compost según las reglas del cultivo ecológico.
Bajo la superficie del viñedo sucede gran parte de lo que define un vino. El suelo marca. Aportar materia orgánica significa devolver vida a la tierra. Estiércol y restos vegetales se integran en el suelo y lo transforman desde dentro: se vuelve más esponjoso, más aireado, con capacidad de retener humedad en las sequías y de drenar mejor cuando llegan las lluvias.
El abonado también intensifica la actividad biológica. Microorganismos, hongos, lombrices, trabajan en silencio, descomponiendo el aporte y liberando nutrientes. Es una nutrición lenta y equilibrada, que evita excesos y favorece el crecimiento armónico de la viña.
Un suelo vivo, orgánico y sano ayuda a que las raíces exploren capas más profundas, hace el viñedo más resistente frente a la sequía y las altas temperaturas, y aporta regularidad en las cosechas. Es un trabajo paciente que no da tantos resultados inmediatos como equilibrio a largo plazo.
Un suelo vivo puede llegar a tener 25.000 kilos de biomasa por hectárea en los primeros 25 cm de profundidad. No se ve pero está. ¡Se aprecia mejor si pensamos que equivale a 25 vacas de 500 kilos pastando en una superficie de un campo de fútbol!
Cuidar el suelo es cuidar el futuro del viñedo. Ahí, bajo nuestros pies, empieza todo.




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