En estos días de calor intenso, el viñedo nos recuerda que cada decisión cuenta.
Coincidiendo con el envero, realizamos una de las labores más importantes del año: el aclareo de racimos. No es una práctica recurrente: solo si es necesario, aquellos años en los que la cepa produce más racimos de los que marca nuestra exigencia de calidad -en general menos rendimiento mejor calidad- por exceso de fertilidad. Por haber llovido más de lo habitual, por ejemplo, o si el año anterior produjo poco, diversos factores. Un año normal, con una poda orientada y práctica de cultivo orientada al bajo rendimiento, no es necesario.
El aclareo elimina parte de la producción, tiramos racimos al suelo, para que la cepa concentre toda su energía en los racimos que permanecerán hasta la vendimia.
Es una decisión que exige renunciar a cantidad para ganar equilibrio, concentración y elegancia.
Pero tan importante como el aclareo es conservar la hoja. En VALENCISO evitamos deshojados excesivos porque, con las altas temperaturas del verano, las hojas protegen naturalmente los racimos del sol directo. Esa sombra ayuda a preservar la frescura, mantener una maduración pausada y evitar que la uva sufra un estrés innecesario.
Estos veranos tan extremadamente calurosos nos llevan a hablar de lo importante que es la gestión de la sombra.
Cada cepa busca su propio equilibrio entre vegetación y fruto. Nuestro trabajo consiste en acompañarla, interviniendo solo cuando es necesario y respetando su ritmo.
Creemos que un gran vino no nace de una única decisión, sino de la suma de muchas pequeñas decisiones tomadas con paciencia y criterio. Por eso, la calidad comienza mucho antes de la bodega: empieza en el viñedo, cuidando cada parcela, cada racimo y cada hoja.
Porque el tiempo que dedicamos hoy al viñedo es el que mañana encontraremos en cada copa de VALENCISO.
Compartir artículo